
En 1978, yo estaba recién licenciado del servicio militar, amargado por las cosas que había tenido que vivir y con ganas de dedicarme de lleno a la poesía. Por suerte, mi padre había sido compañero de trabajo de Norberto Silvetti Paz, el gran poeta de la Generación del 40, y él me presentó en un acto en el Jockey Club a Horacio Castillo. El deseo de seguir conversando con Horacio, al que ya venía leyendo y que empezaba a influir en mi escritura, me llevó una noche a Berisso, en donde Castillo tenía una suerte de taller literario. Allí la conocí también a Ángela Gentile (sobre esta experiencia, recomiendo la lectura del artículo de Ángela Un taller literario en dictadura, publicado en esta revista: https://revistasade.com.ar/un-taller-literario-en-dictadura/) . Aunque la amistad no surgió entonces, sino unos años más tarde, no deja de ser una extraña coincidencia que yo la recuerde siempre relacionada a la figura de Horacio Castillo y que uno de los pilares de nuestra amistad haya sido en todo tiempo ese amor compartido por el que considerábamos nuestro común maestro.
Ángela Gentile ahora vive en La Plata, pero nació en Berisso y mantiene intactas sus raíces berissenses. Para quienes no la conocen, es ensayista, editora, traductora, profesora de lengua y literatura italiana y española, magíster en políticas socioeducativas y miembro de la Asociación de Docentes e Investigadores de Literatura y Lengua Italianas. Becaria de la Universidad de Perugia, Italia, fue investigadora del Centro de Estudios Italianos de la Universidad Nacional de La Plata e integrante del equipo del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación. Es Premio Nacional de Literatura; Premio Dámaso Alonso de la Académica de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid; Premio de la editorial Evohé de Literatura clásica; medalla Mihail Eminescu del Festival de Craiova y Corona de Ovidio en Constanza, ambas distinciones en Rumanía. También tiene el Premio al Mejor guión de cine en Sittannavasal International Film Festival of India, entre otros reconocimientos.
En 2025, Ángela, reciente ganadora del Premio Alda Merini en Italia, fue declarada por el Honorable Concejo Deliberante de Berisso como Ciudadana Ilustre. Es miembro de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid y de la Léopold Sédar Senghor de Milán. En Rumanía es miembro de la Academia Tomitana y la Universalis Poetarum de Constanza y de la Academia Cantemir de Bucarest. Pertenece a la SADE Filial La Plata desde su refundación en 2019.
Como docente y escritora, Ángela Gentile, dictó numerosos talleres y seminarios, participó en varios congresos nacionales e internacionales en Cuba, Ecuador, Colombia, Uruguay e Italia, entre otros países y en la Organización de Estados Iberoamericanos y en el Foro Internacional de la Fundación Mempo Giardinelli. Fue invitada a la Feria Internacional del Libro de Venezuela y designada como asesora del Centro Nacional del Libro. Codirigió la revista independiente de literatura juvenil Etruria (Premio María de Villarino 2026 de la SADE Filial La Plata), el Programa de promoción de la lectura literaria Biblos ’03, de Berisso (Premio María de Villarino 2025) que logró varios premios, y la editorial Proyecto Hybris Ediciones. En los últimos años es permanentemente invitada a participar en los principales festivales internacionales de poesía.

Ha publicado en coautoría: Voces olvidadas. Las lenguas y las canciones de cuna de la inmigración (patrocinado por la UNESCO, 2010), Pensar la lengua y la literatura (manuales de literatura de secundaria) y Diáspora griega en América (con textos propios y de varios autores). Su obra poética incluye Palabras originarias (2004), Escenografías (2005), Cantos de la Etruria (2008), Cuerno de marfil (2012), Los pies de Ulises (edición bilingüe, griego-español, Editorial Ocelotes, 2016), Lo sguardo di Demetra / La mirada de Démeter (edición bilingüe, italiano-español, Cuadernos de Casa Bermeja / Mago Editores, 2018) y Madrás (2019). Este último libro fue editado en Chile y reeditado en Portugal y Francia, en sendas ediciones bilingües. Posee publicaciones en griego, rumano, portugués y francés y está Incluida en la Colección de Poesía Argentina Juan Gelman-Ministerio de Educación y Justicia de La Nación.
Algunos de los poemas de Ángela Gentile fueron incluidos en ediciones colectivas como Poesía 36 autores (La Comuna Ediciones, La Plata, 1999), Escritos y escritores de Berisso (Instituto de Cultura Latinoamericana / Centro Cultural Difusión, Berisso, 1999), El camino de los mitos (Editorial Evohé, Madrid, 2011), Ellas (Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo, 2013) y Versos d’acollida / Versos de acogida (Barceloactúa / Poémame, Barcelona, 2018). También es una de las autoras que forman parte del último tomo de la antología que periódicamente edita la Fundación Argentina para la Poesía y que se presentará en Buenos Aires el 28 de abril. Su obra fue valorada por figuras de la talla de Rodolfo Alonso, Guillermo Ara, Inés Malinow, José María Castiñeira de Dios, Ulyses Petit de Murat, Roberto Juárroz, Umberto Eco y Antonio Colinas, entre otros. En el ámbito local siempre fue muy respetada por Ana Emilia Lahitte, Horacio Preler y Horacio Castillo, a quien ambos consideramos que fue nuestro maestro.
Es probablemente de Horacio Castillo que a Ángela le viene, si no el descubrimiento, al menos el regusto por los clásicos. “A esta autora –escribió Luis Toledo Sande– no podrá recriminársele el incumplimiento de un requisito que Gabriela Mistral consideraba fundamental en la formación de un poeta, de un escritor: el haber comido ‘del tuétano de buey de los clásicos’, que para la chilena era ‘alimento formador de la entraña’, ni punto menos”. De allí que toda su poesía esté llena de referencias veladas o explícitas al mundo antiguo: “Aquel día, junto al afluente, repetíamos himnos / por el sendero donde la belleza desplegara su peplo. / El sonar de remos extranjeros nos detuvo. / Decididas cantamos, mientras los gentiles desembarcaban / en nuestro mundo pagano. / Pronto, los viajeros reposaron en sus naves / y nosotras danzamos en sus sueños. / Un cuerno de marfil nos alertó / y regresamos al eterno jardín de oro”. Pero el de Ángela Gentile es un mundo antiguo difícil de identificar, su Etruria o su Constantinopla o su Madrás no son las de la historia ni las de los mapas, ella crea su propia mitología, y sus poemas son como reliquias, como pequeños restos de una remota cosmogonía.
Según Guillermo Ara: “Su poesía es una voz cercana a la que supongo que usó el hombre del primer vagido para nombrar un mundo todavía caótico y acechante”. La voz de Ángela es sin lugar a dudas una voz extraña. La voz de su persona y su voz de poeta. Hicimos juntos muchos viajes literarios de los que me quedó, entre otros recuerdos, el de su voz hablándome desde la oscuridad. Así parece ser también su poesía, una voz que habla desde la sombra, sin exaltaciones, pero siempre con algo de sobrenatural y misterioso: “esta gravedad de seda entre aguas oscuras, / este involuntario atardecer. // Aquel regreso de marinos arrebatados a la historia, / aquellas miradas bizantinas, / aquel paisaje de aire // por donde las magias nacieron / junto a la noche atrapada entre el índice y lo bello.”
Refiriéndose al quehacer poético, Ángela Gentile ha dicho: “Siempre es una voz la que nos transporta a terrenos sin fronteras; y por ello de repente podemos reposar junto a Emilio Salgari en Maracaibo a la espera del Corsario Negro; que en mi caso vino tempranamente con la voz de mi padre. Y la de mi madre que recitaba a Rosalía de Castro, la gran poeta gallega. Los versos orales… Un aprendizaje que me enseñó a sentarme en el mundo y escuchar solamente los silencios que dejaban los versos mientras se escapaban por el aire. Y, un día, nos transformamos en peregrinos por territorios de poesía; la misma que no se anuncia y nos habitará por siempre (…) porque es el tiempo el que nos elige poéticamente en cada palabra, en cada descubrimiento, bajo distintas máscaras que la poesía se hace presente, nos evoca mediante signos que nunca se revelarán porque no hay interiores iguales, porque no hay interpretación única y posible. Y uno se hace lector de poesía y poeta porque necesita respirar”.

Ángela escribe poco, apenas cuando llegan esas “ocasiones” de las que hablaba su querido Eugenio Montale. Escribe poco y breve y publica menos, creo que cuanto tiene impreso ha sido por presiones de sus amigos o por la valoración que hacen de su escritura en el exterior. Difícil tarea lograr que Ángela participe en una mesa de lectura, que acceda a la presentación de un libro. Alguna vez me pregunté si en el fondo Ángela Gentile “cree” en la poesía, al menos con la misma unción que otros poetas de su generación, que es también la mía. O si piensa que el poeta debe hacer su labor lejos de “las piras encendidas” y “los becerros sagrados”. Es lo que parece insinuar en el poema titulado “Cerca de los bordes se equilibra la vida”, que termina diciendo en referencia al poeta: “A su derecha se acomodó la fama / por su lengua se exiliaron las palabras. / A su izquierda, una musa buscaba / en su desnudez lo no escrito”. Quizás Ángela haya llegado a la conclusión de que en la poesía el silencio tiene a veces más peso que el fárrago de palabras y que, como yo alguna vez también dije, las cosas más hondas, más terribles o felices que nos aconteces en la vida se quedan por lo general sin registro.
Y sin embargo, el poema. Y sin embargo, la palabra. A pesar de todo, contra toda tentación de afirmar su inutilidad, su precariedad. Para rubricarlo, ahí está el Premio Alda Merini que le acaban de conceder en Italia. Desde hace muchos años, además, Ángela se dedica a la noble tarea de promocionar la lectura, no la de sus libros, sino la lectura creativa universal. Cree que esta actividad irá construyendo de a poco una humanidad más humana. Quizás crea más en la lectura que en la escritura, porque alrededor de esta última se forma a veces una atmósfera malsana (al respecto, recomiendo volver sobre mi artículo La conjura de los necios. La lucha por el capital simbólico en el campo literario, publicado en esta revista: https://revistasade.com.ar/la-conjura-de-los-necios-la-lucha-por-el-capital-simbolico-en-el-campo-literario/). Mientras tanto escribe, poco. Mientras tanto publica, mucho menos. Voz extraña de nuestra generación de la dictadura, quizás mal llamada del 70, llena de inflexiones oscuras, descreída muchas veces del valor de lo que hace. Ángela escribe con la libertad de quien sabe que no se juega en cada palabra la trascendencia, que si un día a la derecha se sienta la fama, o la belleza en sus rodillas, diría Rimbaud, será por puro azar. Cosas que otros también intuimos, pero no nos arriesgamos a decir.

Guillermo Pilía
Graduado en Letras por la Universidad Nacional de La Plata. Poeta, narrador y ensayista con más de cuarenta años de trayectoria y treinta libros publicados. Recibió importantes premios nacionales y en el exterior y fue traducido a las principales lenguas. Es presidente de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid, correspondiente de la Academia de Buenas Letras de Granada y ciudadano ilustre de La Plata. En la SADE, ocupa la Secretaría General de la Comisión Directiva nacional, es presidente de la filial La Plata y miembro de la SADE Atlántica Mar del Plata.








