
Maximiliano, más que un colega de letras, es un amigo. Es, después de todo, el presidente que confió en que esta seguidilla de artículos contando la historia de la SADE San Juan era una buena idea en primer lugar. Por eso, considero justo que el último escrito de esta propuesta sea la entrevista al autor que hasta hace meses ocupó el rol de presidente.
Primeramente, no le consultamos a “Maxi” sobre la historia de la filial, sino sobre su ingreso. Le preguntamos cómo fueron esos años (a cargo de Ada) en los que el autor ingresó a la institución.
“Yo me incorporé a SADE en el año 2011, cuando estaba en la preparación de mi primer libro, que era El Cementerio y otros cuentos. Cuando consulté en la Biblioteca [Franklin] si había algún espacio de escritores o algún grupo que pudiera orientarme, me recomendaron.
Ingresé durante la presidencia de Ada Gámez. Ella hizo una labor muy grande para potenciar escritores jóvenes, entre los que me cuento. En ese entonces tenía veinte años. Ahí empezó mi andadura en el grupo y tuve la suerte de conocer a muchísimos escritores, intercambiar opiniones y lecturas, e ir de a poco conociendo el ambiente y profundizando en él”.
La consulta lógica era cómo pasar de un lugar de creatividad a uno de gestión cultural. En su caso, no es una historia de carrera administrativa, sino de tener el valor de tomar las riendas en un momento difícil para la institución.

“En realidad, llegué por una situación trágica, ya que la expresidenta Gloria Castro falleció de manera repentina y abrupta un par de semanas antes de la Feria del Libro de Buenos Aires, donde había varios compromisos y presentaciones predefinidas. Había dos autores que viajaban y me preguntaron si quería ir a presentar sus libros porque los conocía. Dije que sí, y cumplí con esa actividad no como presidente, sino como socio de la SADE. Acá en San Juan recibieron comentarios muy positivos de mi participación. Escritores de otras filiales también asistieron a los eventos, les gustó y dieron una valoración muy positiva, razón por la cual la comisión directiva me ofreció asumir la presidencia. Estuve un par de meses dándole vueltas, evaluando si aceptaba o no, y finalmente decidí que era una buena oportunidad para hacer cosas de otra manera, probar una SADE con otro enfoque. Por suerte, las cosas se dieron de buena forma a pesar de lo triste de la situación”.
Tomar la dirección de la filial, en aquel año 2022, no era algo fácil. Había que reorganizar la institución y repensar el enfoque institucional de una asociación que, en dos años, había perdido a gran parte de sus socios históricos.
“Además del fallecimiento de nuestra expresidenta, durante la pandemia fallecieron más de diez socios, lo cual fue un golpe bastante duro en un período de tiempo muy corto. El grupo prácticamente quedó diezmado. Muchos habían fallecido; muchos dejaron de participar porque eran amigos de personas fallecidas y otros estaban con miedo a las secuelas del COVID.

Nos propusimos reactivar el espacio y hacerlo atractivo para los escritores: que los escritores perdieran el miedo y tuvieran ganas de participar; que se sintieran representados y protegidos. Sobre todo, cuando nos toca afrontar entornos o momentos políticos en el país que no son los más favorables para la cultura. Es bueno que los escritores tengan un espacio que los contenga y donde siempre haya actividades y cosas a pesar de las dificultades.
En cuanto al enfoque, al momento de asumir, aposté por dos lineamientos o dos caminos básicos. El primero de ellos fue incentivar el perfeccionamiento y la profesionalización de los escritores a través de la organización de cursos, talleres y charlas, entre ellas las de derecho de autor que llevamos adelante con un autor que es abogado y que estudia el tema.
El otro enfoque fue apostar al desarrollo de los escritores jóvenes a través de espacios permanentes. Uno de ellos es Rayuela, un laboratorio de escritura para adolescentes, creado y coordinado por la poeta y bibliotecaria Virginia Ponce y que funciona en la Biblioteca Franklin, en el marco de SADE. La idea es que los escritores jóvenes tengan un lugar donde crecer, desarrollarse y entrar en contacto con otros autores. Pero que no solamente sea algo recreativo, sino que ofrezca a los jóvenes oportunidades reales, ya sea de integrar antologías o de participar en eventos como ferias del libro y encuentros de escritores. Es una forma no solo de motivar su escritura, sino también de impulsar la creación de oportunidades y que se sientan valiosos, que se sientan protagonistas, porque es lo que son”.
Ya en el cierre de su gestión, Maximiliano se permite un momento reflexivo ¿Cuál es la SADE (San Juan) del futuro? Su respuesta identifica los valores que constituyeron la base de su trabajo.
“Yo creo que la SADE del futuro sería una SADE con un enfoque fuertemente social, muy vinculada al trabajo con las comunidades y con los grupos. Y, sobre todo, también, muy colaborativa con otras instituciones culturales de valor, ya sean oficiales o comunitarias. Creo que la SADE del futuro tiene que apostar a eso: a la colaboración, al apoyo mutuo y, sobre todo, a la generación de espacios comunitarios, que promuevan la lectura y la escritura de una manera más cercana y real para todos”.
Confiamos en que, bajo el liderazgo de Silvina Atencio, este anhelo del expresidente (hoy tesorero) será una realidad.








