Elegí la novela de la autora María de la Paz Pérez Calvo ¡Corre, Niñayeti, corre!, quizás será porque este relato me inundó de una ternura inigualable desde el inicio y en un criterio más grande y como propósito de este ensayo, me invitó a pensar en los motivos por los cuales los y las niñas podrían sentirse reflejados. Me llevó a pensar en cada niño/a que acompañe en cada una de las escuelas por las que he transitado y especialmente por las que transito hoy, las escuelas de la modalidad de Educación Especial y entonces, como si un viento helado rozara mis pensamientos no hubo manera alguna de no reflejar a los niños que hoy por hoy transitan las aulas, no porque antes no existiesen las diversas condiciones de discapacidad, sino porque quizás antes habitaban los montes gélidos de los hospitales, los neuropsiquiátricos, la soledad de los hogares y al interior de las familias.
Estas infancias, sus padres, los docentes y la sociedad manifiestan, reclaman y dicen conocer la Convención de los Derechos del niño declarada en 1989, pero ante las diversas realidades que se viven en las aulas, en los clubes, en los patios o en los colectivos, suelen olvidarse de ella y miran con los ojos sin ver a aquellos qué, en primer lugar, deberían cuidar, proteger y aprender a amar.
Entonces, nacen las preguntas, los enfados, las dudas, y las hipótesis por los cuales ha sido y es tan difícil, hacer realidad la inclusión de infancias. ¿Qué mandatos subyacen en este ser niño o niña en este mundo? ¿Hay modos únicos de ser un niño o una niña? ¿Cómo puede la literatura infantil abrir o no puertas para la inclusión de niños y niñas en las escuelas? ¿Por qué algunos libros de literatura infantil trascienden las generaciones y emocionan a varias de ellas? ¿La literatura infantil tiene un propósito definido, único e inapelable o es una puerta que habilita nuevos posibles? ¿La literatura infantil puede ser la gran aliada de la inclusión de niños y niñas en espacios comunes como las escuelas, las bibliotecas, etc.? ¿Es posible que, las nuevas infancias encuentren en un libro una llave que les permita ser ellos mismos ante el mundo adulto que aún no logran decodificar?
No sé si encontraré la respuesta a estos planteos, aunque no puedo dejar de señalar que, hay indicios que me invitan a indagar la relación existente entre ella y la inclusión educativa de niños con y sin condición de discapacidad.
A lo largo de este trabajo buscaré definir qué se entiende sobre literatura infantil, no sólo diversos especialistas que hemos estudiado, sino definiciones que intentan dar un encuadre sobre qué es y no es literatura infantil.
Una de las definiciones más conocidas es la que brinda La Real Academia Española (RAE) no da un concepto único y exclusivo de “literatura infantil”, sino que la entiende dentro de su definición general de “literatura” como el arte de la expresión verbal destinado a los niños, abarcando obras escritas y orales, que buscan entretener, instruir y desarrollar su imaginación, lenguaje y valores, utilizando temáticas cercanas, fantasía y recursos como rima y humor para un público joven.
A su vez, señala ciertos elementos que podrían dar características sobre qué es y no es literatura infantil.
Elementos clave de la definición implícita por la RAE y la academia según google:
• Expresión Verbal Artística: La RAE define literatura como el arte que usa la palabra (escrita u oral).
• Funciones: Educar (enseñar valores, cultura), entretener (placer, diversión), desarrollar el lenguaje y la fantasía.
• Características Típicas (No Exclusivas): Temas simples, personajes cercanos, lecciones morales, uso de la fantasía, el humor, el ritmo y la rima (en poesía y juegos), y la importancia de las ilustraciones para los más pequeños.
• Amplitud de Formas: Incluye no solo cuentos y novelas, sino también canciones de cuna, adivinanzas, poemas y obras de teatro infantiles, y formatos modernos como cómics o producciones para pantalla si cumplen los criterios.
Otra definición que podría ampliar la primera es la que se encuentra en un recorte de una presentación realizada por Marcela Carranza 2004 para la revista de literatura infantil: “Imaginaria” tomando las palabras de Jorge Larrosa: “La literatura excede y amenaza tanto lo que somos como el conjunto de las relaciones estables, ordenadas, razonables que constituyen el orden moral racionalmente ordenado. La literatura, como la infancia, pone en cuestión la validez del mundo común.” Quizás el mayor peligro al que se ha visto tentada la pedagogía es el haberse visto constructora del mundo, la dueña del futuro, nos dice también Larrosa en su artículo “El enigma de la infancia”.
La autora Marcela Carranza toma diversos autores para intentar definir qué es y el porqué de la literatura infantil tomando las definiciones de diversos autores contemporáneos que definen no sólo la literatura infantil, sino que en general ponen en relieve que se espera de ella y qué no en el ámbito escolar y a través de la didáctica:
“Centrar la mirada en la enseñanza de la literatura permite una aproximación al ejercicio de acciones democráticas (Chambers, 2008) en el ámbito escolar donde se reconoce a las infancias como sujeto de derechos y se habilitan espacios de participación individual y colectiva. En la conversación literaria, el docente mediador da lugar a la palabra de los niños valorando la experiencia subjetiva de los mismos.
La concepción de los contenidos escolares como conocimientos artísticos abiertos e históricos promueve la representación del libro como una llave y no como una puerta cerrada (Bixio, 2005), con lo cual el foco se dirige a los múltiples sentidos e interpretaciones que surgen con y desde la lectura. La toma de la palabra por parte de los más chicos es una muestra de su capacidad de pensar, imaginar, cambiar e interactuar en su realidad cotidiana.
En palabras de Gustavo Bombini sobre el sentido de la didáctica de la literatura cabe señalar “La enseñanza de la literatura reúne diversos objetivos del nivel como el desarrollo de la creatividad y la expresión, la recepción crítica de los discursos, el trabajo individual y en equipo. En este contexto, reflexionar acerca de las prácticas de enseñanza comprende indagar las condiciones en las cuales los chicos y chicas podrán apropiarse del conocimiento. Consideramos que se trata de un ejercicio necesario en una sociedad más democrática por venir”
Podríamos buscar diversas definiciones para pensar en literatura infantil a través del tiempo y como la misma se fue constituyendo en arte, aunque muchas otras veces fue manipulada desde la didáctica, la política y la sociedad como voz para poner en valor aquello que se debía enseñar y era valioso para que la sociedad lo resignificara como una fuerza moldeable.
Ahora bien, me he formado tomando como base la definición de Gianni Rodari:
“Ese niño-que-juega’ es finalmente el verdadero vencedor, porque los libros nacidos para el ‘niño-alumno’ no permanecen, no resisten el paso del tiempo, las transformaciones sociales, las modificaciones de la moral ni tan siquiera a las conquistas sucesivas de la pedagogía y de la psicología infantil. Los libros nacidos de la imaginación y para la imaginación, sin embargo, permanecen, y a veces, hasta incluso se hacen más grandes con el tiempo. Se tornan en clásicos’”. (op. cit.; Pág. 6, 1987).
En esta oportunidad define el juego a través de las palabras de dos autores con los cuales me siento profundamente identificada.
Francesco Tonucci define al juego como:
“Jugar para un niño y una niña es la posibilidad de recortar un trocito de mundo y manipularlo para entenderlo. Cuanta más oportunidades tenga un niño de disfrutar de la riqueza y de la fantasía despreocupada del juego, más sólido será su desarrollo” (2010).
En palabras de Norma Filidoro relacionados con el juego podemos dar cuenta el juego como posibilidad creadora y de aprendizaje:
“El juego abre posibilidades no pensadas, no calculadas. El juego abre lugares no explorados, revuelve, cambia las cosas de lugar. El juego se opone a clausura, a totalización. El juego está del lado de lo abierto, del lugar a ser inventado. En esta clave vamos a repasar los recortes compartidos que, como ya habrán advertido, nos muestran situaciones en las que adultas/os intervienen haciendo lugar a lo que había expulsado de la escena”.
Tomando como base las palabras de la autora, (Mancebo, 2003a): “La igualdad de oportunidades es “el punto de partida”, o equidad en el acceso, implica fundamentalmente que todos los estudiantes tienen derecho a ingresar en determinado nivel del sistema educativo. La igualdad de oportunidades es “el punto de llegada”, en tanto implica, además de la cobertura, equidad en las condiciones de aprendizajes de tal forma que los estudiantes, con independencia de su punto de partida puedan alcanzar resultados semejantes”.
La inclusión educativa, quien adopta una perspectiva socio-pedagógica que supera esta primera concepción dando lugar al análisis de las dificultades en relación con un determinado contexto de enseñanza. Por lo tanto, no se trata de dificultades inherentes al sujeto, sino que lo son en determinadas condiciones, y podrían no serlo si estas varían. Desde este paradigma es necesario diluir las barreras, los obstáculos que contribuyen a la dificultad, para poder brindar los apoyos necesarios. No se trata aquí de compensar sino de andamiar, generar redes, que posibiliten progresar curricularmente junto a otros, promover el trabajo colaborativo, participativo, con las familias, los niños, la comunidad, los docentes de la educación especial y los de la escuela común
Según refiere la autora Flavia Terig(2008) El hallazgo – un gran hallazgo- de la crítica pedagógica:“Para que todos aprendan lo mismo, se requiere romper la homogeneidad de la propuesta educativa. Pero lo común sigue siendo lo mismo. Escuelas diferentes, propuestas diversificadas, para aprender las mismas cosas. Y bien, lo mismo no es lo común” (P. 212).
Tomé este libro como base de este ensayo porque desde el inicio de su lectura impresionó como un libro que me invitaba a pensar en la inclusión, en el juego, ser y estar en relación a sí mismo y a otros, la magia con que se va desarrollando la historia. Es significativo en el relato como rompe los estereotipos que enmarcan a seres que han sido considerados personajes indiscutibles del cuento de terror o de los discursos adultos para doblegar las voluntades de los niños. Por un lado, uno espera leer un Yeti, terrible, mal humorado, con dientes filosos, poco sociable y la descripción invita a deconstruir desde el inicio las imágenes preestablecidas de cómo uno ha imaginado o sostenido socialmente a este ser que existe en la fantasía, pero que durante muchos años ha formado parte de los discursos tradicionales en el imaginario social para doblegar las fantasías de las infancias.
La Yeti tiene una identidad que se inicia con su nombre y una historia. Es una Yeti que comparte intereses comunes con muchos otros yeti y niños. A ella le gusta bailar y cantar, va a la escuela, tiene una banda conocida, amigos y otros no tantos como cualquier niño de su edad. Se enfrenta a problemas que le son comunes, debe cuidar su aspecto, tener un lugar en su escuela, aprender a ser uno mismo, pero con la necesidad de pertenecer a un grupo que acepte las diferencias.
La autora aquí hace una descripción de la niñayeti diciendo: “Su espeso pelaje tenía un suave color azul. Con coquetería ajustó las trenzas que surgían justo detrás del cuerno de la oreja. Era una niñayeti muy bonita”.
Es muy interesante como en el texto se trabaja la descripción de la yetí y el lugar que ocupa ese cuerpo, ese ser yetti lo cual puedo relacionar con el ser un niño o niña, que me remite de una manera casi paradójica a la imagen inconsciente de Francoise Doltó es una representación simbólica y dinámica del cuerpo, que el sujeto tiene de sí mismo formado por la interacción entre lo biológico, lo psíquico y lo simbólico.
Esto nuevamente, me acerca a pensar esta historia desde la inclusión educativa, muchas veces los y las niñas en condición de discapacidad no responden al imaginario social y al deseo de sus padres, lo cual genera un obstáculo que deben sortear y construir. Hay un lugar en donde se imponen condiciones, esas condiciones hacen que se esté o no, lo cual deja marcas que obturan a veces en desarrollo de esos jóvenes que están construyendo su ser, junto con otros.
La literatura infantil pone muchas veces en relieve aquello que aún no encuentran su propia voz, pero que la recrean en palabras de ese autor que hace una lectura del mundo al cual está retratando a través de sus escritos
La niñayeti por momentos, puede observarse cómo la protagonista o la heroína y otras veces como la villana cuando emite juicios de valor sobre ese otro por su aspecto, por sus primeros vínculos con ese otro sujeto, que tampoco pudo relacionarse de una manera sana, sino que genera violencia verbal alejándose de su objeto de amor.
En palabras del autor (Chambers, 2008) en el ámbito escolar donde se reconoce a las infancias como sujeto de derechos y se habilitan espacios de participación individual y colectiva. En la conversación literaria, el docente mediador da lugar a la palabra de los niños valorando la experiencia subjetiva de los mismos. La concepción de los contenidos escolares como conocimientos artísticos abiertos e históricos promueve la representación del libro como una llave y no como una puerta cerrada (Bixio, 2005), con lo cual el foco se dirige a los múltiples sentidos e interpretaciones que surgen con y desde la lectura.
La novela tiene momentos que enriquecen la imaginación del niño y del adulto porque genera un guiño con los nombres que poseen algunos adultos, como ser la maestra “Ayanca Melavida” como para los adultos es obviamente un guiño a la canción “Arráncame la vida de un tirón” del cantautor Chico Navarro que la mayoría de los niños desconocen porque implica un salto generacional, pero el adulto lector da cuenta de quién trata. Esto también se repite en varios nombres como ser Yoda Stereo o Aberdinangus, Holandina y Gerefor generando un vínculo positivo con el lector adulto. Incluyendo no sólo el sentir de los niños a quien va dirigida la obra sino a todos los que la lean.
Ahora bien, es una novela que nos presenta a una heroína que no buscaba serlo, es más su propósito no era defender su tierra, ni cuidar el ambiente, pero por circunstancias ajena a ella, tiene que salir al encuentro de una aventura que no pidió resolver, ni estaban en sus planes.
Sale al encuentro de aquellos que invaden su casa, su lugar, no porque sea ella la interesada, sino porque no le queda otra.
Los flacuchos, como definen los otros personajes, que en este caso serían los antihéroes. Su motor es sólo la búsqueda de la satisfacción personal, cubrir una necesidad que tiene tintes de superficialidad, nada les interesa más que saciar su hambre de poseer.
No pueden ver lo que está delante suyo, sus ojos miran, pero no ven, escuchan, pero no oyen. Hay un mundo delante de ellos, pero sus ojos humanos no captan la belleza de aquello que está a su alrededor, no pueden pensar modos de acercarse ante lo desconocido, alejan a ese que le es ajeno, distinto, diferente.
Al enfrentarse a una nueva realidad tienden a desarmar, desajustarse, manipular una verdad que se muestra ante sus ojos.
Intentan manipular la realidad, la bestia no sería atrapada, sino que cuidada en un ambiente que la observaría y lo protegería de las conciencias que quisieran poseerla, en realidad tan solo la convertirían en seres que responden a los interese mezquinos.
Es una imagen que podría, según mi entender, el modo que se manipula con gestiones en el sistema educativo que hablan de inclusión brindándole a todos los mismos recursos espacios, sin tener en cuenta la singularidad, los sentires, las necesidades de ese sujeto. Los manipula disfrazando la escuela como una entidad que incluye, mientras que le quita la posibilidad de ser, los recursos necesarios para desarrollarse, la ley que los protege se diluye frente a nuevas resoluciones o normativas. Se disfraza la realidad, se obtura aquello que está frente a los ojos de todo, pero limitando esa realidad se desampara, se tapa se desdibuja a ese ser que es único, e irrepetible.
En esta historia se produce un encuentro entre dos culturas, una que ve con asombro la esencia de la otra y desea descubrirla, el pájaro negro en el cielo, los ruidos que emergen de ese ser que desconocen, los seres que se mueven rápidamente con objetos que le son extraños, sus movimientos erguidos y un cuerpo que es muy distinto al otro, no desean los Yetis poseerlos, sino tan sólo conocer a ese ser distinto. La complicidad de aquellos que se brindan aún en momentos complejos, que esperan, que sostienen y defienden aquello que le es importante, quizás no saben claramente cómo actuar frente a la condición del otro, pero en primer lugar ven a ese ser como un igual, otro que necesita, quizás el sostén, la explicación, el silencio para ser la mejor versión de sí mismo. La figura de Trip, comienza siendo cuestionable, pero entiende la esencia y motor de ese vínculo, entonces elige acompañar y estar al lado de su amiga. No tiene claro cómo, pero sí que ese ser no le es indiferente.
En cambio, los seres flacuchos, buscan poseer, robar lo que es de otros, tomar para su beneficio y moldear ese ambiente, íntegro, desconocido hasta convertirlo en objetos que responden a sus deseos y caprichos.
Las palabras sonaban sin sentido, como lo es para los flacuchos que sólo miran ese mundo mágico a través de sus intereses, sin detenerse a mirar, sólo veían esos montículos de hielo, masas de una inmensidad que no podían captar, entonces le ponían etiquetas, los llamaban bestias o sencillamente se limitan a ver el beneficio detrás de tanta belleza indómita e ignorar el mundo que estaba ante sus ojos.
Uno de esos seres, puede mirar con otros ojos la realidad que se antepone a tus ojos e intenta salvar a esa vida que es inmensamente maravillosa, intenta cambiar el curso de las cosas y sin dar cuenta de ello se convierte en un héroe que vela por los otros diciéndole “Corre, Niñayeti, corre”, como si de ese modo lograse salvar no sólo al mundo de los yetis, sino salvarse de sí mismo.
La literatura permite reflejar aquello que forma parte de la esencia del ser humano, pone en relieve sensaciones, vivencias, aciertos y desaciertos. Las palabras bailotean contando historias que se hilvanan con un propósito dar un mensaje, construir un personaje, crear un mundo posible, sin saber a veces, si ese es el camino. El autor teje sentidos, lugares, imágenes con el propósito de ser y existir en sus escritos aquello que muchas veces la realidad no logra visibilizar.
La literatura construye nexos entre el mundo real, que a veces es despiadado, que pone carteles, difama o limita y la imaginación en donde todo es posible, en donde nadie puede dejar de ser, en donde de una manera u otra los personajes pueden encontrar algún final, triste, abierto, dibujado, oscuro o infinitamente luminoso.
La literatura se vincula, una y otra vez con el jugar a ser, sentir, vivir. Crea sentidos y espacios únicos en donde no hay límites, en donde todo es posible.
Elijo las palabras de Graciela Montes quien nos ayuda a entender el sentido y el existir del juego:
A partir de allí todo se borraba salvo ese acontecer –obra nuestra– a la vez real e imaginario. Y un acontecer que acontece a su manera, con otro ritmo: el tiempo era de otro orden. Mientras estábamos dentro del juego el tiempo cambiaba de calidad. Se volvió otro. No sólo porque, si construimos una historia, podrían suceder meses y años en el lapso de un minuto, sino porque el propio sentimiento del tiempo vivido se transforma. Por momentos nos parecía que todo estaba quieto, como si hubiésemos alcanzado una especie de eternidad, y de pronto, porque nos llamaban para ir a comer o porque el amigo pronto debía volver a su casa, nos dábamos cuenta de que el tiempo había corrido vertiginosamente y quedamos desconcertados y me parece que también un poco dolidos. (Montes, 1, 1999)
La inclusión de niños y niñas con tiempos singulares o en condición de discapacidad necesitan que exista otro que les permita ser y recrearse en el juego. Se abre un espacio que no tiene dimensiones, ahí todos pueden ser, de alguna manera u otra, constructores de un destino propio, con luces y sombras, pero único.
Todas y todos los niños y niñas, necesitan que los nombren, les permitan soñar con los ojos abiertos, se los ayude a ser la mejor versión de sí mismo, sin tener todo el tiempo puesto encima suyo ese cartel que les recuerda aquello que no pueden o no pueden visibilizar los otros más allá de su condición.
La literatura inventa nuevos posibles en donde la humanidad real muchas veces perdió el rumbo, en palabras de Elsa Bornemann.
“Yo dibujo puentes para que me encuentres|
Y tú… ¡Quién creyera! ¡No los ves siquiera!”
“¡No cruzas ninguno! Mas… como te quiero… dibujo y espero.”
“¡Bellos, bellos puentes para que me encuentres!”
Conclusión
La literatura infantil es a mi entender, una llave que abre mundos alternos en donde la realidad se abandona por lapsos a veces cortos otras quizás se sostienen un poco más. Uno sucumbe a un espacio en donde las emociones tienen lugar, los objetos y los seres tienen una plasticidad que transforma la realidad de quienes sucumben a ese entramado que les permiten ser distintos, al menos por un momento, uno juega a ser otro.
Los niños y las niñas entran en contacto con las historias de diferentes formas, a veces ajenas al mundo adulto. Uno a veces se pierde en el entramado del aula que niño o niña tiene una condición de discapacidad cuando este se sumerge en la historia que emana un buen libro, sea con imágenes o sin ella, sea la voz del docente la portadora de la voz del cuento o llegue a las manos de ese niño un libro álbum, cuando eso ocurre, pareciera que las barreras que separan la condición de ese niño y la magia que deslumbra esa historia se desvanece.
Entra a jugar el asombro, el movimiento de manos, la sonrisa, el querer atrapar la historia en sus manos, moldearla, atraparla, disfrutarla hasta que su rostro refleja que algo de esa historia hoy forma parte de él o ella. Es entonces cuando la magia invade ese mundo pequeño en donde no hay nada que obtura la magia que encierran las palabras, el sentir de ese niño que se sintió, al menos por un lapso de tiempo identificado, con la cual, ese niño reconstruye y reinterpreta la historia. Si el libro los identifica, de alguna manera, todos los niños darán a conocer su cercanía o lejanía con la historia, buscará el modo de comunicar lo que ha generado en ellos.
La literatura infantil permite que los niños con y sin discapacidad accedan a la cultura, desarrollar preguntas, representar el mundo real o imaginario.
En palabras de Graciela Montes enmarco esta relación entre el juego, la literatura y la inclusión educativa:
No se ha jugado de verdad. No se ha zarpado. Para que el juego sea juego y la obra, obra, hay un punto en el que se cortan amarras, se abandona el muelle y se entra en el territorio siempre inquietante del propio imaginario. Se entra a buscar algo que nunca jamás se encuentra pero que, por eso mismo, se debe seguir buscando. Siempre hay riesgo. Y la extrañeza. Mientras se esté ahí no se será ni menos ni más feliz, ni menos ni más serio, ni menos ni más responsable que la niña que cruzaba el patio desierto ondulando los brazos en el aire, jugando a ser gaviota (1999).
Si bien no es intrínseco a la literatura generar empatía, o una visión más equitativa y justa muchas veces, aunque no sea el propósito de los cuentos escritos muchas veces despierta sentires que despiertan vínculos con su propia realidad.
Mientras leía Corre, niñayeti, corre, me pregunté, más de una vez, qué motivos pueden llevar a un niño a correr y defenderse.
¿Quiénes podrían ser esos seres flacuchos que invaden su mundo para convertirlo en seres que pierden la capacidad de soñar, de crear espacios posibles en donde existen más luces que sombras, en donde los sentidos pueden moldearse más de una vez, en donde ninguna realidad obtura su esencia, desplegar sus alas convirtiéndose en seres libres que habitan mundo posible?









