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Home›TEMAS›CRÍTICA›Tres momentos con Leopoldo Lugones (1874-1938)

Tres momentos con Leopoldo Lugones (1874-1938)

Escrito por Gladys Lopreto
2 julio, 2026
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De lectura casi obligada, Leopoldo Lugones, considerado por su trayectoria como el poeta nacional, fundador de esta institución que nos reúne, nació en el pueblito cordobés de Villa Santa María del Río Seco un 13 de junio, devenido actualmente en su homenaje como ‘día del escritor’-

 

“…en la Villa de María del Río Seco

al pie del Cerro del Romero nací

y esto es todo cuanto diré de mí

que no soy más que un eco

del canto natal que traigo aquí”

 

A esa tierra vuelve en su poemario póstumo, escrito en los clásicos octosílabos: los Romances de Río Seco (1939). Había tenidouna profusa vida intelectual y literaria en diversos géneros: con un conocimiento vivencial de la patria interior, además de la poesía, sus estudios y reflexiones transitaron por la narrativa, la historia, el ensayo, la crítica literaria, la política. Fue admirador de Sarmiento (1811-1888) y del poeta platense Almafuerte (1854-1917), entre otros, y sentía como ellos que los conocimientos y la literatura debían tener como destino la educación pública. Con ese pensamiento se propuso ser una figura nacional, con una función rectora, y se dedicó además con fervor al periodismo, concebido como un medio para la formación ciudadana. De ahí también sus consideraciones sobre la lengua y las hablas, en las que rescataba por un lado la autenticidad del castellano (así lo designaba) de Hispanoamérica, al que le reconocía una función ‘civilizatoria’, acorde con su definida elección por el primero de los términos en la oposición antagónica desarrollada en el Facundo entre Civilización y Barbarie.

Reconocido como de temperamento romántico, tal como lo demuestra tanto en su poemario de 1905 como en la valoración de las tradiciones -y con ello de la poesía gauchesca en su expresión máxima, el Martín Fierro-, si bien adhirió al Modernismo literario que predominaba en Hispanoamérica con la figura central de Rubén Darío (1867-1916), debemos agregar a ello su interés por el conocimiento, que lo llevó a valorar y transitar el mundo neoclásico, lo científico y al mismo tiempo los límites de la ciencia, lo oculto, el misterio, presentes en los cuentos de Las fuerzas extrañas (1906), que lo hacen precursor entre nosotros de la literatura fantástica y de la ciencia ficción. Como señala el Prof. Juan Carlos Ghiano (1966), en los numerosos textos que nos dejó –que abarcan todos los géneros, excepto el género dramático- muestra la amplitud de sus búsquedas intelectuales, por eso, para recordarlo, propongo hacerlo a través de tres de sus obras:

-El soneto “Alma venturosa”, de contenido claramente romántico, perteneciente al libro de poemas Los crepúsculos del jardín (1905), nos muestra ese matiz siempre presente en su obra que lo distingue dentro del movimiento modernista de su época.

-El cuento “La lluvia de fuego” con el que inicia su libro de cuentos Las fuerzas extrañas (1906), obra en la que aborda lo oculto, el misterio, los límites de la ciencia, la vigencia del mito. En el epígrafe nos informa sobre el origen del relato: un pasaje del Levítico, texto bíblico perteneciente al Antiguo Testamento que desarrolla el tema del castigo divino para con los habitantes de Sodoma y Gomorra, antiguas ciudades devenidas entonces en espacios de lujuria y pecado, castigo que se extiende también a seres inocentes como plantas, aves, animales salvajes.

-Finalmente el poema narrativo “El reo”, que integra Los Romances de Río Seco, poemario publicado por la SADE en 1939 al cumplirse un año de la muerte de su autor. Considerado por muchos como la mejor obra de Lugones, nos detendremos un poco más en este libro, que reúne poemas narrativos y fue objeto de estudio de la Dra. María Ester Mangariello, profesora e investigadora de la FaHCE (UNLP), titulado: Tradición y expresión poética en los ‘Romances de Río Seco’ de Leopoldo Lugones, con estudio preliminar del Prof. Juan Carlos Ghiano, entonces Director del Instituto de Literatura argentina e iberoamericana, ambos estudios publicados por la UNLP en 1966.

La denominación de romances tiene que ver con que los poemas, además de su temática popular, son de género narrativo y están compuestos en el verso típico del romance: el octosílabo, agrupado en cuartetas, con rima en los versos pares. Es el mismo verso del romancero español que se arraigó en nuestro continente y el que utiliza José Hernández en el Martín Fierro, con la rima mencionada, que admite variaciones en los grupos estróficos y en la variedad lingüística utilizada, esto es: si la variedad del habla rural bonaerense define la literatura gauchesca (Moure, 2010), los romances de Lugones están escritos en la variedad rioplatense del español (usando las palabras de Lugones: del castellano), con abundante uso de modismos populares.

En este punto no podemos dejar de mencionar que fue Lugones quien valorizó el poema de José Hernández, nuestro poema nacional, al mismo tiempo que reconoció y dejó sentada la legitimidad del español de Argentina (con respecto a este detalle, no olvidemos que otro grande de la SADE, B. Fernández Moreno, conservó siempre el vosotros y las formas verbales correspondientes, en modo similar a otros nativos famosos). Al respecto dice la investigadora platense: “La solución propuesta por Lugones en los Romances integra, en equilibrada disposición, los estímulos recibidos de la poesía tradicional, ciertas peculiaridades sintácticas argentinas y el afán de universalidad de la lengua literaria” (Mangariello op. cit., 59-67).

Casa Museo de Leopoldo Lugones, Villa de María del Río Seco, Córdoba.

El tema del lenguaje está siempre presente en Lugones. Afirma en su otro libro: El payador (1916) que “la unidad del idioma es esencial en la constitución de la patria, así como su corrección manifiesta la dignidad del espíritu”. Menciona allí su posición, vinculada a la época, de dos conceptos básicos y conflictivos: la unidad de la lengua, la corrección. Si bien su posición es coherente con una elección de vida que llama ‘civilizadora’, resulta interesante que ya entonces aclara enseguida que el castellano correcto no equivale al “castellano paralítico de la Academia” (en referencia a la RAE): consecuentemente, defiende los cambios que en las distintas regiones de Hispanoamérica se produjeron y se siguen produciendo en la lengua.

Volviendo a los Romances de Río Seco, el volumen reúne algunos de sus poemas publicados en La Nación y otros inéditos, que fueron publicados después de su muerte. Mangariello los divide según los temas en tres grandes grupos: de personajes históricos (donde no incluye los que ya había tratado en su libro en prosa La guerra gaucha, publicado en 1905), de tema legendario y de tema costumbrista. Luego, dentro de esa clasificación, ubica “El reo” en el primero y tercer grupo.

Desde el punto de vista histórico, en este poemario no se toman hechos fundamentales de la historia ni personajes que trascendieron el anonimato (salvo Fray Mamerto Esquiú, el caudillo Ramírez y su amada, la Delfina, y tal vez algún otro). Más bien se trata de historias mínimas, pertenecientes al sentir popular. El personaje de “El reo” es uno de los anónimos gauchos valientes que participaron en las luchas civiles previas a la organización nacional y que por alguna razón pasan luego a la ilegalidad (cf. Cruz, el mismo Martín Fierro). Pero a pesar de su condición condenatoria se destaca la guapeza y la serenidad del reo ante la muerte, incluso su valía y su autenticidad, frente a la posibilidad de salvarse pero resignándose a una situación no deseada, y así la historia tiene una solución entre risueña y lastimera que resulta interesante dentro de la veintena de historias que componen el conjunto.

Cerraremos este tercer momento con palabras de la investigadora: “Los Romances de Río Seco revelan la profunda asimilación de la tierra natal en el poeta y el eficaz aprovechamiento de estímulos literarios (…). Cierran así la trayectoria poética de nuestro escritor más representativo, como testimonio de sus afanosas búsquedas expresivas y de su docente preocupación patriótica y civilizadora” (Mangariello 1966, 93).

_____________________________________________

Referencias bibliográficas:

Mangariello, M. Esther (1966) Tradición y expresión poética en Los romances de Río Seco de Leopoldo Lugones. La Plata : UNLP, FaHCE, Departamento de Letras. Instituto de Literatura Argentina e Iberoamericana. (Monografías y tesis ; 8) (23-93). Con Estudio preliminar de Ghiano, Juan Carlos (1966, 7-22)

Moure, José Luis 2010: “La lengua gauchesca en sus orígenes”. Olivar, 11 (14): 33-47.

 

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