La Revista

Main Menu

  • La SADE
    • La Revista
    • La Institución
    • FILIALES
    • Comunicaciones
    • Historia
  • Noticias
  • REGIONALES
    • Sede Central
    • Provincia de Buenos Aires
    • Provincia de Catamarca
    • Provincia de Chaco
    • Provincia de Córdoba
    • Provincia de Corrientes
    • Provincia de Entre Ríos
    • Provincia de Formosa
    • Provincia de Jujuy
    • Provincia de La Pampa
    • Provincia de La Rioja
    • Provincia de Mendoza
    • Provincia de Misiones
    • Provincia de Neuquén
    • Provincia de Río Negro
    • Provincia de Salta
    • Provincia de Santa Cruz
    • Provincia de Santa Fe
    • Provincia de Santiago del Estero
    • Provincia de Tucumán
  • TEMAS
    • OPINIÓN / RESEÑA
    • CRÍTICA
    • CURSOS / CONCURSOS
    • ACTIVIDADES
  • Contacto

logo

  • La SADE
    • La Revista
    • La Institución
    • FILIALES
    • Comunicaciones
    • Historia
  • Noticias
  • REGIONALES
    • Sede Central
    • Provincia de Buenos Aires
    • Provincia de Catamarca
    • Provincia de Chaco
    • Provincia de Córdoba
    • Provincia de Corrientes
    • Provincia de Entre Ríos
    • Provincia de Formosa
    • Provincia de Jujuy
    • Provincia de La Pampa
    • Provincia de La Rioja
    • Provincia de Mendoza
    • Provincia de Misiones
    • Provincia de Neuquén
    • Provincia de Río Negro
    • Provincia de Salta
    • Provincia de Santa Cruz
    • Provincia de Santa Fe
    • Provincia de Santiago del Estero
    • Provincia de Tucumán
  • TEMAS
    • OPINIÓN / RESEÑA
    • CRÍTICA
    • CURSOS / CONCURSOS
    • ACTIVIDADES
  • Contacto
OPINIÓN / RESEÑASEDE CENTRAL
Home›TEMAS›OPINIÓN / RESEÑA›PAPELITOS: TRAVESÍA MARCOS SILBER, SEGÚN PASAN LOS AÑOS

PAPELITOS: TRAVESÍA MARCOS SILBER, SEGÚN PASAN LOS AÑOS

Escrito por Sebastián Jorgi
5 diciembre, 2020
342
0
Compartir:

¿Cómo entrar en el bosque de poemas de Marcos Silber? Acomodarse en esa primera escena, donde el gato se devoró al canario, sumarse a la irónica metáfora cuando el felino levante vuelo. Travesía con metamorfosis de un mago que junta Papelitos, esas cartitas íntimas donde se agita la tormenta, la de adentro que no me deja dormir. Ese tumulto –vaya  uno a saber  cómo,  dónde, cuándo y por qué—golpea y llama. Y sí, me digo y arriesgo, debe tratarse de esos temporales que acometen a los poetas, a los que viven entregados a la palabra  amasadas en memoria y en poesía.

Marcos Silber me asombra y me empuja a reconocerme en el Álbum ensoñado, en el cuadro familiar de infancia para rescatar a papá con la frente oscurecida, a la tía Eugenia, a Julia y cerrar el álbum-poema donde en el aire la magnolia permanece. ¡Vaya estos Papelitos! Evocarse en la fotito blanco y negro. En aquellos que más me quisieron y ya no están, lucir esa imagen de cierre, golpea y golpea /el marcapaso, fantasma de la desolación. Volví para repasar  y reposar—como diría mi recordado amigo Bernardo E. Korenmblit—con sus juegos de palabras y sentir el golpe yo también. Y seguí para detenerme en Five O Clock,  cuando la tetera levanta humos de tías. Claro: estaba la mesa puesta, la tibieza del pan, la imagen de Madre y Padre, sí, Poeta, estamos todos. Es notable el rescate de ese fraseo popular, con el que me identifico, estamos todos, esa convención cariñosa de aquel tiempo en que no faltaba nadie.

La nostalgia me conmueve y uno se siente feliz, acompañado. Y al avance de la lectura,  tropiezo con el ¨convento¨  para escuchar la tos de la tísica de la pieza fondo. Sólo puedo aproximarme al camino del poeta que se torna doloroso cuando nos ubica en 1940, al abrirse la casona de las duchas. La cámara Silber enfoca cinco versos de un travelling sin regreso: De las manos/manitos de otros tantos voy/ el camino se cierra/se abre en la casa de las duchas/el sueño logra evadirse. No las piernas. No el corazón. Y enseguida me volví a la cocina, me preparé un café buscando alivio ante el lacerante poema Cámara de gas.

Volví a la lectura con el café para saborear un poema confesional, antológico, pienso, en el que el AGON descubre el velo del miedo ante los mandatos, no claudicar, resistir,  a través de esta instancia límite en el poema De sustos, un juego onírico de lenguaje. Esos recreos a la infancia, la voz de Madre, ¿hijo, sos feliz?, los hermanos Raúl, Rosa y Mauricio, el mayor.

Una cantera de imágenes me esperaba en Apassionata, el segundo corte de Papelitos, dedicado a María Paula Mones Ruiz, en cuyo Centro estuve detenido largo rato. Cuadros cotidianos para inventar-se un estadio erótico, un fraseo desiderativo y pleno, franco, que todo dolor se muera un día antes/ y la oscuridad de este tiempo siga de largo. Mixturar lo cotidiano de una mujer que lava y plancha, con la mirada-lectura íntima, para que todo lo bueno junte lo más bueno, es todo un ejercicio de lenguaje que le es dado—ahora sí lo digo—a los poetas genuinos, reveladores.

Y sigo y sumo, con el  vals de los giros de la tierra (Combate) o si lloviera un poquito de piedad (Partes) o un piano aparece en la playa (Piano piano) o que no llegue a la cuenta de diez (KO), esbozando Marcos Silber secuencias cinematográficas.  El uso de la fragmentariedad golpea como directos a la mandíbula del lector: así lo siento. Lo lúdico y un sesgo de humor afloran en La amada invencible, la que no sale,  no se deja. Retratos poéticos logrados, en esos dos que le vaciaron los ojos al espía de Dios, para capturar la intimidad, para generar el espacio sugerido: Voy.Seco.Sombra.Muy. Verso tetrapartito en puntos seguidos, para iniciar el poema Saqueos. Qué hubiera pensado Hugo Friedrich, el autor de Estructura de la lírica moderna con respecto a estos recovecos de lenguaje hermético.

Y ya voy entrando por las puertas de Rutabar, el tercer corpus de Papelitos. Evocar  personajes marginales, posiblemente experiencia de vida  con Mary la bizca, el Chiche Navaja, Perla la turca, un viaje a las veladas de ardiente oscuridad, ese mundo de coperas tan fascinante, donde puede acaecer otro encendido tumulto. Casi seguro. Y otra vez un alto para decantarme—qué presunción la mía—mientras estoy pensando en el libro de Susan Sontag, Contra la interpretación, con todos los riesgos que el término implica. Valery hablaba con insistencia del sentido total del poema, del sentido vivido e intuido por cada uno y agregaba, el complemento secreto del texto. Se me disculpará esta digresión, es aparte.

Y es en este punto es donde uno hace un alto, desembarca en Asuntos internos, el cuarto tramo de la travesía Marcos Silber. Cantos, Medallón, Chiquito Goliat que se encerraba en la pieza del fondo—otra vez el conventillo-, estamos en la presencia de una narratio, cuadros narrativos escindidos entre aquel pasado cotidiano, el mar suyo del adentro de sí, diástoles y sístoles dos que se aman. Hay que hamacarse para interpretar la memoria del poeta, con fraseos que remiten a momentos límites, hicimos todo lo posible, agrega el de blanco. Lo patético, contar la vida, la común y la de adentro. Y de pronto embargarme la emoción cuando me encuentro con Yo, Clara Beter, homenaje a quien fuera casualmente uno de mis consejeros en la juventud, don Israel,  César Tiempo. Y después Trakl  y el marx de los azules, los Arcos de la Juana, las manos huérfanas de Víctor Jara. O alguna historia de amor—seguro—barre y canta mi querida, ¿qué nos volvió extraños? calor, más calor, fuego, más fuego,  múltiples papelitos para reescribir poemas (Combate, Valses) sin prejuicio alguno, porque la letra del poeta brota y empuja, empuja y se impone pese a abordar la página en blanco tras el campo de batalla y tras la manzana atravesada por el flechazo de Guillermo Tell.

La de boina roja, qué retrato de alguna manera reconocible y a la vez íntimo, para ponerse a jugar el poeta con Tres tristes tigres, emulando el trabalenguas del cubano Cabrera Infante y recalar en esos Treinta mil veces cada vez, esas campanas de tiempo completo que suenan y suenan como un insoslayable y comprometido reclamo en nuestra memoria colectiva. Y me subo al quinto colectivo de Papelitos, Boleríos, recreaciones de estadios amorosos, donde el poeta se interroga entre los vagos perros de la memoria, en cartas íntimas a Eva/Vos, armado  el yo poético de la carga que viene por mis huesos. A matar.

Acompañar-se de aquellos boleros e interrogar al destino—conjeturo—a quién se le ocurrió impedir el día siguiente, a la más bella o a ese “acércate más”, revivir la fiesta grande, jugarse hasta las grietas de mi sagrada carnalidad.

Caramba, sí querido Marcos Silber, en la vida hay amores que no pueden olvidarse, evoquemos a Tito Rodriguez, deben ser las citas y al leer estos poemas románticos –sí, ¿qué?—uno se anima a revivir y convocar nuevas emociones por más que el reloj no siga marcando las horas. Y voy dando la curva de estos Papelitos (1965-2019) para poner en acción la Cámara oculta y filmar-se una secuencia de 11 tomas para la contienda amorosa por la pasión más robusta o recordar a Chejov y su obra La gaviota o Tío Vania o darle manija al fotograma de Sam y Boogie en Casablanca, en aquel piano inolvidable donde tocan Según pasan los años.

Y  precisamente, hemos titulado esta antología de Papelitos, según pasan los años (1965-2019), el derrotero poético sustancioso de Marcos Silber. Y llego a Decires, el séptimo colectivo de estos papelitos que se me pegan y parecen estar escritos de los dos lados de tanta poesía, dedicados a Ivonne Bordelois. Retratar el afuera, los balcones de la vecindad, el sueño desvelado por los zarpazos del hombre, el poeta testigo de lo de él mismo o lo de cualquiera, capturar la humana voz de alguien que canta bajo la lluvia. Son directos al corazón lector, como en De la casona aún y regalarnos este poemazo: Barre los deshechos la mujer/ y barre/las cenizas de los cucos de la noche/Los niños arribarán al juego/como a un país libre de todo miedito/todo terror. Patético. Fuerte como los mazazos de un Nicolai Vapstarov, el gran poeta búlgaro, por arriesgar una asociación, esta misce in scene de Marcos Silber.

La tensión entre lo vivido íntimo, entre el yo y la sociedad, el afuera largo y tendido, se hace lenguaje reconocible/Silber, lo secreto y lo revelado, en tramas lúdicas-herméticas—como decía Bayley, pibe, sin una pizca de hermetismo, no hagas poesía—. Es que la narratio con la que se nutre  el poeta no es la del que escribe el poemita lindo y que “compone” nada más, es la del que sufre, sueña y automáticamente escribe. Es cosa seria Marcos, la sintaxis, las puntuaciones abruptas, el fluir de una constante inspiración, que no cesa, que no se detiene. La memoria viene y viene y la cámara Silber filma, en una especie de neo-objetivismo, claro, sobre la vida de los otros, la de la pieza del fondo, los Arcos de la Juana, la de los versos de Clara Beter (sic don Israel Meitzlin). Aunque sólo puedo aproximarme, arrimar mi bochín al maestro poeta, gozar los relatos de vida/muerte/amor.

Y estoy llegando a la última Estación, con dedicatoria a Jorge Ariel Madrazo, aquel amigo autor de Blues de muerte vida que un día me regaló. Otra vez una cita de Chéjov, qué ahogo, qué tristeza. Y seguro: los maestros rusos andarán por ahí, para una generación de los 50 y 60 que merodeamos la buena literatura. Habla la casa, tras la confesión de las tías, cuentos de abuelas y después reflexionar, sobre las torres gemelas, porque se mudó la libertad…arden las torre ahora…una especie de filosofar sobre la época, sobre los riesgos de la alienación, puntualizar la masacre de Adoná, y retomar aquellos íconos como la grapa Valle Viejo,  con el papá mío y La Franco Inglesa. Pinturas de tiempos viejos. Y recurro al querido Raúl Gustavo Aguirre que en Las poéticas del siglo XX cita a René Char con un pensamiento: el poeta que lleva en su poema toda su persona. Y sí, esos impactantes poemazos directos al lector, precisamente, Nocáut, la derecha extendida, no permite que se acerque/y la izquierda en gancho al hígado, otro regalo para mi afición por el boxeo en mis tiempos de cadete con Santo Zacarías. Esta travesía de Marcos Silber me ha deparado un reencuentro genuino con la Poesía, para gozar lectura creacionista en imágenes como el poema Sus manos de ella, esos trucos de lenguaje cuasi experimentales, la lluvia más deseada para la sed de la tierra que soy. El sello Marcos Silber, que apuntan a la originalidad, una travesía de Papelitos, como esas servilletas de papel que tomamos en la mesa de un bar y escribimos. Escribirlo todo como entonces, como ahora y siempre nos escribe con su didaxis de poesía pura, nuestro querido Marcos Silber.

 

Dejanos tu comentario
Sebastián Jorgi
+ posts

Nació en Lanús, Provincia de Buenos Aires. Licenciado en Periodismo y Profesor de Letras. Ha escrito más de 30 libros en poesías, ensayos, cuentos y novelas. Dramaturgo. Faja de Honor de SADE. Varios premios internacionales, EEUU, España, Italia, México. PremioPen Club de Cuentos 1981. Ha sido profesor invitado en Universidades de Brasil y Puerto Rico. Fue Presidente de SADE Seccional Lanús.

    Este autor no ha escrito más artículos.
Previous Article

UN LIBRO: UN ÁRBOL

Next Article

AURORA BERNÁRDEZ Y EL SUTIL ARTE DE ...

0
Compartir
  • 0
  • +

Sebastián Jorgi

Nació en Lanús, Provincia de Buenos Aires. Licenciado en Periodismo y Profesor de Letras. Ha escrito más de 30 libros en poesías, ensayos, cuentos y novelas. Dramaturgo. Faja de Honor de SADE. Varios premios internacionales, EEUU, España, Italia, México. Premio Pen Club de Cuentos 1981. Ha sido profesor invitado en Universidades de Brasil y Puerto Rico. Fue Presidente de SADE Seccional Lanús.

0

Buscar

Seguinos en Facebook

logo Revista de la SADE

Sobre la SADE

  • Uruguay 1371, CABA.
  • Horario de atención: Lunes a Viernes, de 14:00 a 20:00 hs.
  • 011 48138620 – 48112188
  • +54 11 2751 5521
  • info@sade.org.ar
  • Facebook
  • @SadeNacional
  • CUIT: 30-52770863-6
  • RECIENTES

  • POPULARES

  • Dominio público: ¿héroe creativo o villano anti-originalidad?

    Escrito por Matías Germán Rodríguez Romero
    23 octubre, 2024
  • Antonio Las Heras fue designado Personalidad destacada en el ámbito de la cultura por la ...

    Escrito por Sade Central
    21 octubre, 2024
  • El destino de un lector y su conciencia como norte de un médico terapeuta. Verdades ...

    Escrito por Alicia Elizabeth Dalterio
    21 octubre, 2024
  • La Filial Entre Ríos de la SADE realizará los Festejos por su 60° aniversario

    Escrito por Miguel Ángel Rodríguez
    18 octubre, 2024
  • elliot erwitt nota

    UN MUELLE ES UN PUENTE FRUSTRADO

    Escrito por Jorge Sagrera
    14 octubre, 2020
  • sebastiao salgado imagen

    TRADUCIR ES AMAR

    Escrito por Jorge Sagrera
    14 octubre, 2020
  • tres minutos tapa del libro

    TRES MINUTOS DE MÚSICA DE SAHUMERIOS

    Escrito por María Celina Caire
    14 octubre, 2020
  • PULLÜ MAPUCHE

    Escrito por María Celina Caire
    14 octubre, 2020

Seguinos en las REDES

  • Inicio
  • La SADE
  • REGIONALES
  • Contacto
© Copyright La Revista de la SADE. Todos los derechos reservados.