La escritura es una manera de ir conociendo las capas geológicas que han ido construyendo nuestra personalidad, nuestras vivencias.
En cada una de ellas está inscripta una civilización, un idioma y una memoria que busca ser rescatada.
Es así que la escritura va removiendo los sedimentos arcaicos, lejanos para resignificarlos y establecer con ellos una aceptable comprensión.
En las profundidades de nuestros comienzos, existen huellas del primer beso, del primer contacto con otra piel, de la certera puñalada del adiós.
Escribir nos muestra lo que fuimos, lo que no pudimos ser, como un filoso escalpelo abre heridas mal curadas, remueve la conciencia de viejas culpas, libera y cura, si eso es posible.
Muestra verdades disfrazadas, personas desconocidas en busca de tardías y errantes lunas.
La escritura reconstruye abismos sin conclusiones, sueños inalcanzables, dolores de parto.
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Ernesto Fernández Núñez es escritor y vicepresidente de la SADE.









