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OPINIÓN / RESEÑA
Home›TEMAS›OPINIÓN / RESEÑA›Liliana Bodoc: la revisión de un paradigma

Liliana Bodoc: la revisión de un paradigma

Escrito por Adrián Marcelo Ferrero
11 diciembre, 2025
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Me propongo en este artículo dar cuenta del fenómeno, las astucias, las estrategias y diálogos que tienen lugar en el seno de la poética de la autora Liliana Bodoc (Argentina, 1958- 2018). Se trata de operaciones complejas, que reelaboran legados y tradiciones que la autora consideraba esenciales para preservar una ética de nuestra cultura americana. Sus vertientes siguen, con fortaleza, senderos que se irán expandiendo, adoptando la forma de un delta. Pero será J.R.R. Tolkien, uno los grandes padres fundadores de su ficción, que ella traiciona por una épica con sustrato americano y feminista. Defenderá su continente con fascinación inquieta.

Entre una literatura de fantasía, fuego, imperios, alquimistas, profecías, magos, armas (conjeturo) pendula, entre luces y sombras, la poética de Liliana Bodoc. Pero también es una fervorosa defensora de la dignidad humana, de la justicia social, de la restitución de lo saqueado, de la condena a los culpables de atropellos, de un reparto más equitativo de las riquezas, de una defensa, en definitiva, de la condición humana bajo la condición primera de una ética del semejante. Ella elige poner frente a frente a dos bandos o dos imperios (según cómo se va desovillando el hilo conductor estas tramas), en un universo distópico y otro utópico. Porque se alcanza a utopía, merced a los desórdenes previos de la distopía, que debe resolverse en paz. Porque lo maravilloso, lo fabuloso y lo fantástico, la batalla final o el modo que un monarca aspira a ser adorado y gobernar de modo inescrupuloso, no tienen necesariamente un final definitivo. Prosiguen los imperios y las alianzas, los linajes y los grupos aliados, pujantes, sin un final definitivo, porque cada libro tiene su heredero, así como han surgido en el marco de un género como la épica fantástica europea de J.R.R. Tolkien (uno de sus grandes padres literarios y precursor). Con la salvedad de que ella le objeta la observación de ser eurocéntrico y patriarcal a su maestro inspirador. De allí que ella solo aceptara escribir su Saga de los Confines sirviéndose como referente imaginario del sustrato aborigen como esencia de sus fábulas. También se sumergió para consultar crónicas de Indias y otros documentos históricos e historiográficos.
De cada hilo pueden propagarse enhebrándose o atomizándose nuevos: disputas, una batalla entre dos enemigos inmemoriales para recuperar un territorio polémico y poblaciones o campos de cultivos o frutos, el oro, el poder. Se pelea no solo por lo precioso sino por anexar territorio y recursos. La ambición es clave en este caso. Ya vemos que el acento está puesto no en las batallas en sí mismas. Más bien los héroes son los que cierran cómo ese universo señalado por la muerte, la vida y el fuego se afianzará en su futuro luego de alcanzar la paz. Para Bodoc la guerra es un mal necesario en el que se enfrentan dos arquetipos: el bien contra el mal. No rompe en esto con los antagonismos que las grandes religiones del planeta en sus relatos, cosmogonías o parábolas comprenden la esencia de oposición de valores en el universo. Por lo general encarnadas en figuras con atributos que se orientan hacia la destrucción del semejante o hacia el amor y la creación.
¿Qué puede decir un lector que también es escritor y ejerce la crítica literaria con cierta antigüedad ya? Pues hablemos una vez más de su poética. El pensamiento crítico, pujante, profundiza en el universo poético de Bodoc hasta alcanzar sus zonas sémicas más densas. Una ficción que plantea la posibilidad de tener acceso a universos poéticos que rompen los sistemas cerrados de ideas y se abren hacia la posibilidad de imaginar y crear. Una poética que postula universos emancipatorios, que han dejado atrás a sus usurpadores o tiranos.
Ya hablé de la poiesis de Liliana Bodoc. Podemos elevar a virtud su esencial diálogo con distintas tradiciones, con distintos momentos de la historia. Su genio desplegado en todo su espacio creativo no queda arrinconado por el dolor sino que el dolor es el motor para que una nueva clase de civilización amanezca.
El universo Bodoc confía en sí mismo. Porque, bien mirado, salvo la narrativa de Borges, de Silvina Ocampo, de Bioy Casares, de J.R. Wilcock, de Santiago Dabove, oriundos de la Argentina, Bodoc elude el fantástico y la ciencia ficción. Ursula K. Le Guin desde el Norte, EE.UU. Angélica Gorodischer desde las orillas de Rosario, Argentina, son figuras más cercanas a su macropoética. Por supuesto que hay toda una serie de propuestas, tendencias, encuentros y desencuentros que regalan para una literatura que conocía seguramente obras como las de Ray Bradbury, Ballard, Philip Dick, Lewis Carroll, pero imaginaban una disputa de una mujer que inventó un universo plagado de coherencia imaginativa, potente, poderoso, que no tenía grietas. Poner en diálogo a autores de Argentina, junto con plumas de otras latitudes, como Le Guin (quien tradujo Kalpa Imperial, de Gorodischer, al inglés -1983/1984, reeditado en 2001 y en varias ocasiones en España-), una obra de épica fantástica heredera de Calvino, Tolkien y Andersen, tal como el libro mismo lo proclama en sus agradecimientos. Pero la poética de Bodoc como dije traiciona a la de su padre Tolkien. Funda un nuevo legado y funda un nuevo paradigma creativo. Bodoc se apodera de los recursos encantatorios de la fantasía épica pero los politiza a través de nuevas políticas de la representación del género y de los marcos de referencia culturales que recortan la ficción. Traza un referente imaginario en el que las mujeres son atributivamente más poderosas que algunos varones, las presenta como seres resolutivos, aguerridos, decididos, que toman las armas cuando es menester. Tienen una visibilidad cultural mayor en el seno de la ficción. Mucho más que el desdibujado que ocupaban antaño o el supeditado a fuerzas masculinas que les impedían tomar iniciativas o bien consolidar su poder en el seno de la ficción.
Bodoc usó palabras claras para referirse a la ficción que pensaba escribir. Quería sociedades en las que quedara visibilizada la violencia contra las mujeres pero sobre todo en las que ellas se movieran con desenvoltura en el reino de la magia y de la guerra, que era el de los varones o había sido tradicionalmente el de los varones. De modo que apoderándose de espacios y objetos nuevos, su rol también se potenciaba.
Resulta interesante también reflexionar que ella en las entrevistas en las que evoca su pasado lector, no puede dejar de mencionar autores y autoras de verosímil antimimético, no realista. Sus lecturas estaban atravesadas por la magia, lo fabuloso, lo maravilloso, fantástico. Y aquel foco reservorio de infancia y adolescencia evidentemente nutrió como vasos comunicantes su ficción adulta. Bodoc estaba claramente preocupada por las relaciones asimétricas de poder social en las cuales la dignidad se viera afectada o afectara a los más desprotegidos, reforzando las tramas del dolor social. Es por ello que buscó compensativamente un tipo de ficción en la épica fantástica en la cual los protagonistas y los personajes secundarios fueran figuras igualitarias que, por más poder que acariciaran los triunfadores siempre había también un reparto más justo de fuerzas entre los bandos. Sus líderes importan. Se concentra en figuras íntegras, limpias, justicieras, de principios. Pero sobre todo rebeldes. Frente al otro bando de inescrupulosos, por lo general el del poder, donde la traición y la corrupción son moneda corriente, el bando rebelde se insubordina.
Si nos referimos a un sistema de lecturas tan marcado por un verosímil no realista, no menos cierto es que Bodoc se nutría del gran caudal de la lírica americana, donde sin duda encontraba la posibilidad de realizar una síntesis, una condensación, encontrar una belleza en la prosa que luego trasladaba a sus ficciones. Las operaciones de la poesía le servían para narrar, pero para narrar de un cierto modo: la prosa se cargaba de connotación, de polisemia, de metáforas, de comparaciones, de eufonía. No obstante, no perdía un ápice del vértigo de la fábula. Y es así como de un género transponía recursos propios del uno al otro, al de la narrativa, su forma de expresión más señalada y la que reina en su corpus.
Queda por fuera de esta breve nota su producción infantil y juvenil, cara a Bodoc, en la que pese a que aquí la fantasía épica retrocede, siguen irrumpiendo prodigios y a veces una pincelada de poesía remata un cuento o un poema con el hallazgo de la metáfora perfecta.

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